En el correr del mes de mayo la economía de la República Argentina ingresó en una fase de inestabilidad cambiaria que generó una fuerte suba del dólar y obligó al gobierno a tomar una serie de medidas internas y externas (solicitud de crédito al Fondo Monetario Internacional).
Existe un acuerdo bastante amplio entre los analistas económicos de que la causa inicial de este incremento de la volatilidad cambiaria puede ubicarse en el 28 de diciembre de 2017. En ese momento el ministro de Hacienda Nicolás Dujovne y el Presidente del BCRA Federico Sturzenegger dieron una conferencia de prensa en la que Dujovne corrigió las previsiones de inflación para 2018 desde un rango de entre 8 a 12% al 15%. Pocos días después, ya en enero de 2018, el BCRA lanzó un nuevo estímulo monetario bajando la tasa de referencia de las Letras del Banco Central (Lebacs) en 75 puntos básicos con lo que quedaron en el 28% anual. De acuerdo a Juan Pablo Fuentes economista de la agencia calificadora de riesgo Moodys en Argentina, ” el primer error estuvo en crear expectativas falsas de que la inflación bajaría de manera rápida en el 2017 y 2018 y el segundo, y el detonante de la corrida sobre el peso argentino desde diciembre, fue la modificación de los objetivos de precios y la subsecuente reducción en la tasa de política monetaria en enero”.
A este entorno complejo desde el punto de vista financiero, se agregaron dos elementos adicionales. En primer lugar la sequía que afectó a la región tuvo un impacto directo sobre la producción de granos, en particular de Soja, lo que está reduciendo significativamente el ingreso de divisas al país. Paralelamente la suba de tasas de interés de los EEUU provocó una salida de fondos de mercados emergentes y redireccionamiento hacia ese mercado, lo que se conoce como “flight to quality”. Ello ocasionó un fortalecimiento del dólar en los mercados mundiales de la que no escapó nuestra región.
Finalmente se dieron algunos elementos adicionales que operaron en favor de la inestabilidad cambiaria: los problemas para la aprobación de la ley de ajuste de tarifas públicas, la demora en la aprobación de la ley de mercado de capitales que coloca a Argentina en mejor posición para obtener financiamiento externo y la entrada en vigencia de un impuesto a las ganancias de capital de no residentes con posiciones en letras del Banco Central (Lebacs).
En este entorno, y ante la inminencia de un vencimiento muy importante de Lebacs, la presión compradora del mercado sobre la divisa estadounidense no pudo ser contenida simplemente con la venta de dólares por parte del BCRA.
Una primera medida fue incrementar la tasa de interés ofrecida por las Lebacs desde el 33,25% al 40%. El efecto inmediato de esta medida fue una contención de la suba del dólar, pero rápidamente ello no fue suficiente y el mercado volvió a mostrar una tendencia fuertemente alcista.
Pocos días después el Presidente de la República, Mauricio Macri, informó acerca del inicio de negociaciones con el Fondo Monetario Internacional a efectos de obtener una línea de crédito stand by. Nuevamente el efecto inmediato fue una desaceleración de la demanda de dólares, pero el mismo se disipó de forma casi inmediata.
En los días previos a la fecha de vencimiento de las Lebacs, el BCRA enfrentó al mercado ofreciendo una suma muy importante de dólares a $25. Paralelamente negoció con los bancos tenedores de Lebacs para garantizar la renovación de un porcentaje significativo de las posiciones.
La sumatoria de todas estas medidas logró estabilizar la situación con un dólar oscilando en torno a los $25.
En estos días el viceministro Guido Sandleris, el secretario de Hacienda Rodrigo Pena y el secretario de Finanzas Santiago Bausili, están siendo los encargados de llevar adelantes las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional. En declaraciones a la prensa, los tres coincidieron en que las discusiones con el organismo van rápido y con bastante nivel de acuerdo, especialmente en materia fiscal. En los medios argentinos se especula que en caso de mantenerse el ritmo de avance actual, sobre los primeros días de junio podría estar viajando el Ministro Dujovne para cerrar el acuerdo.
De acuerdo a varios analistas argentinos, en un escenario optimista que implique cerrar un acuerdo viable con el FMI, habría que esperar un segundo semestre sin crecimiento del PBI, una inflación similar o levemente superior a la de 2017 (25%) y un tipo de cambio real similar a los $ 25 actuales (en el entorno de los $ 28 para fin de año).




