Diferendo comercial entre EEUU y China

El gobierno de los EEUU anunció el pasado 3 de abril cambios en su política arancelaria para los productos de origen chino. La repartición gubernamental a cargo del tema (oficina del representante comercial) anunció aranceles del 25% para unos 1.300 productos industriales, de tecnología, transporte y medicina. El motivo alegado para tal cambio sería presionar para lograr una modificación en las políticas de propiedad intelectual china.

La publicación de la lista de aranceles abre un período de 60 días aproximadamente de comentarios y consultas, tras el cual se emitiría una resolución final sobre la lista. La autoridad programó una audiencia pública el 15 de mayo sobre los aranceles.

El monto de transacciones alcanzadas por estas nuevas medidas arancelarias ascendería a unos US$ 50.000 millones de importaciones anuales.

La reacción del gobierno chino fue casi inmediata, amenazando con sanciones comerciales que podrían impactar en varios sectores.

En un informe del 4 de abril, el portal Bloomberg señala que los sectores que estarían enfrentando mayores complicaciones serían la producción de aviones (China es el principal mercado fuera de los EEUU para Boeing, las acciones bajaron en la últimas sesiones por este motivo), sectores de tecnología (Apple, Intel y Dell dependen fuertemente de la producción en China), automotrices  (Ford está entrando en ese mercado para frenar su caída de ventas, Tesla está haciendo intentos para montar una fábrica en China), la agricultura por el impacto de eventuales aranceles a los negocios de soja (EEUU le exportó US$ 13.9 billones de dólares de este producto a China el año pasado) y el sector de combustibles entre otros.

En primera instancia la preocupación acerca del impacto de una eventual guerra comercial entre EEUU y China se ha trasladado a los mercados bursátiles que tienden a mostrar signos negativos en las principales plazas del mundo.

La motivación política que está por detrás de estas acciones es la preocupación que viene señalando el Presidente Trump desde la campaña electoral y en lo que lleva de su período de gobierno respecto del déficit comercial de los EEUU con China.

Al respecto es de señalar que existe una discrepancia entre el monto del déficit que menciona Trump (US$ 500.000 millones) y algunas estimaciones privadas que lo establecen en US$ 375.000 millones. Más allá de que cualquiera de ambas cifras es muy abultada, lo relevante de esta discrepancia es que como menciona Paul Krugman …¨ gran parte de ese enorme déficit es una ilusión estadística. China es, como algunos dicen, el “gran ensamblador”: muchas exportaciones chinas en realidad se componen de partes que se produjeron en otros países, sobre todo en Corea del Sur y Japón. El ejemplo clásico es el iPhone, que está “hecho en China”, pero la mano de obra y el capital chino solo representan un porcentaje mínimo del precio final.

Ese es un ejemplo extremo, pero forma parte de un patrón más amplio: buena parte del aparente déficit comercial estadounidense con China —probablemente casi la mitad— es en realidad un déficit con los países que venden componentes a la industria china (y con los que China tiene déficit). Esto, a su vez, tiene dos implicancias: EE.UU. tiene muchas menos ventajas comerciales sobre China de las que Trump se imagina, y una guerra comercial con “China” enojará a un grupo más grande de países, algunos de ellos aliados cercanos…¨.

En definitiva, estamos ante una situación nueva que genera expectativas negativas que se vienen reflejando en los mercados bursátiles y de commodities mundiales. En caso de mantener estas propuestas incambiadas después del período de discusión, es altamente probable que el gobierno de los EEUU genere reacciones adversas tanto del sector empresarial interno como de importantes empresas de países muy cercanos a los EEUU.

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