La semana pasada el Presidente de la Comisión Europea Jean Claude Juncker realizó en Estrasburgo el informe anual de estado de la unión.
El tono de su discurso fue bastante más optimista que el que se venía manejando en los últimos años. De acuerdo al jerarca, el bloque de 28 miembros se erige como un bastión de estabilidad en un mundo fracturado, debiendo asumir un rol mucho más activo en el liderazgo global en un escenario en que los EEUU tienden a retirarse de los temas transatlánticos.
En palabras de Juncker “el viento ha retornado a las velas de Europa”…”actualmente tenemos una ventana de oportunidad, pero ésta no se mantendrá abierta para siempre… Aprovechemos al máximo este momento…”.
Este “ventana de oportunidad” se asocia con las claras perspectivas de que Angela Merkel, firme sostén de la Unión, vuelva a ser electa Canciller de Alemania, lo que junto con el triunfo de Macron en Francia corta el crecimiento de los proyectos de corte más nacionalista y críticos de la UE.
En materia de nuevas propuestas los planteos se centraron en
los siguientes puntos:
– Solicitud a los gobiernos para avanzar firmemente en acuerdos de libre comercio con Australia y Nueva Zelanda.
Estos planteos se suman a los acuerdos comerciales con Japón y Canadá. Al respecto es de señalar que Japón y la Unión Europea acordaron a principios del mes de julio un pacto de libre comercio. Las tarifas a la mayor parte del comercio bilateral entre la UE y Japón, que representa cerca del 40% del intercambio comercial a nivel mundial, se irán eliminando con el paso de los años. El acuerdo también incluye la cooperación en temas de cambio climático y seguridad.
– Creación de un marco de referencia europeo para evaluar las inversiones extranjeras cuando existan sospechas de competencia desleal.
– Creación de un ministerio de economía y finanzas europeo.
– Creación de una agencia de cyber seguridad europea y una autoridad europea en materia laboral.
– Establecimiento de estándares comunes para los productos que se comercializan en el bloque.
Este discurso se da en el marco de una incipiente recuperación de la situación económico financiera de la UE. Los indicadores macroeconómicos de corto plazo apuntan en un sentido favorable. El nivel de actividad está creciendo por encima de lo previsto, con una estimación de crecimiento
anual del 1,7% para 2017. Los analistas prevén que esta situación se mantenga en 2018. Este crecimiento se está dando de forma generalizada y sin disparidades demasiado marcadas, lo que no sucedía desde mucho tiempo atrás. En los próximos dos años se espera que se generen más de cuatro millones de puestos de trabajo en la Unión Europea y que la tasa de desempleo descienda hasta recuperar el nivel alcanzado en 2008.
De todos modos aún existen dudas respecto de la sostenibilidad de esta tendencia a mediano plazo. La solución de los problemas de algunas entidades bancarias italianas está poniendo a prueba el nuevo esquema de supervisión bancaria de la UE y se convierte en un tema de preocupación en el corto plazo. El adecuado manejo del Brexit es otro de los factores a tomar en consideración. El manejo de la política monetaria del Banco Central Europeo en materia de recompra de activos y tasas de interés y su efecto sobre la evolución del Euro en los mercados internacionales es otro tema a evaluar. Una tendencia demasiado marcada de recuperación frente a las restantes divisas fuertes puede afectar la actividad por sus efectos sobre la competitividad. Por último, de acuerdo a los analistas europeos las familias estarían gastando a un ritmo que no sería sostenible en el mediano plazo, lo que está en la base de las proyecciones que ubican el consumo privado por encima del ingreso disponible de las familias.
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